La imperdible historia del guardameta uruguayo que quería ser periodista deportivo

Sebastián Sosa, exjugador de Monarcas Morelia y Mazatlán FC, soñaba con narrar los partidos por la radio, sin imaginar qué se convertiría en futbolista profesional.

Por Ernesto Pérez M.

Hace algunos meses, Sebastián Sosa era uno de los porteros más importantes en la Liga MX, gracias a sus actuaciones con Monarcas Morelia.

Cuando el equipo desapareció y la franquicia se mudó a Mazatlán vino una debacle en su nivel futbolístico.

De hecho, Sosa fue enviado a la banca por Juan Francisco Palencia, entonces estratega del club.

Esta situación no fue del agrado del guardameta, por lo que buscó acomodo en Argentina y el Club Atlético Independiente pujó para hacerse con sus servicios.

Soñaba con narrar los partidos de Peñarol

Sebastián tiene una historia curiosa, ya que siempre quiso ser periodista deportivo; de hecho, de niño se encerraba en el baño, para narrar los partidos del Peñarol.

De chico, las voces de la radio eran la armonía para su día a día, los goles cantados eran su pasión, por lo que soñaba con un día ser él quien los cantara.

Sin embargo, a los cuatro años, cuando conoció la portería supo que sería su mas grande pasión, por lo que luchó a muerte por convertirse en jugador profesional.

Aquellos penaltis, que encerrado en el sanitario coreaba, se convirtieron en su especialidad; incluso, eso le valió para convertirse en guardameta titular con el Morelia, gracias a sus actuaciones en la Copa MX.

En el último partido de Independiente, Sosa demostró sus dotes bajo los tres postes y en los minutos finales del encuentro ante Colón, en la Primera División de Argentina, atajó un disparo desde el manchón que mantuvo el empate del partido.

El estrés ha sido un problema que lo ha acompañado en su vida; de hecho, cuando era niño solía tener más energía de lo normal.

COVID-19 le arrancó la cabellera

En junio pasado, Sebastián tuvo coronavirus y esto desató un problema mayor, al que la enfermedad aqueja normalmente, pues el guardameta empezó a perder el cabello.

“Tuve COVID-19 en julio y a finales de agosto se me empezó a caer el pelo demasiado. Una caída muy abrupta. Era quedarme con los mechones en la mano. Y de todo el cuerpo, no solo de la cabeza.

“Las cejas, las pestañas, todo. Después, averiguando, supe que era una secuela del COVID-19. Me quedaban algunos pocos pelos parados nomás, los de la cresta ya no estaban”, relató el guardameta uruguayo.

A raíz de la perdida del pelo, el sudamericano tomó la decisión de tatuarse la nunca, para sustituir el cabello que le hacía falta y tener otra imagen.

“Siempre dije que me quería hacer un tatuaje y como me gusta el tema de los leones, le dije a mi señora que me iba a hacer uno atrás.

“No tengo ningun tatuaje en el cuerpo, y ahora se dio esta particularidad de estar pelado. Me decían que era hora de cambiarme el peinado. En el momento que crezca el pelo se tapará el león. Y cuando lo quiera lucir de vuelta, lo rapo y lo luzco de nuevo” puntualizó.

 

 

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