La trágica historia de Pierroth Jr., el luchador que quedó en silla de ruedas

En la década de los años 90, el esteta fue de los rudos más importantes del pancracio mexicano; sin embargo, la vida le jugó una mala pasada.

Por Ernesto Pérez M.

Norberto Salgado Salcedo nació el 10 de marzo de 1958 en Cuernavaca, Morelos, estado en donde comenzó su afición por la lucha libre.

Su más grande sueño de adolescente fue convertirse en gladiador, por lo que comenzó a entrenar en la Arena Isabel, una de las más destacadas de la región.

Subió como la espuma

A partir de ahí, Pierroth Jr. comenzó a demostrar su talento, por lo que en 1984 llegó su oportunidad de debutar.

Fue el primero de julio de ese año, cuando vio sus primeros minutos arriba de un cuadrilátero.

Su profesión comenzó a darle logros muy pronto; incluso, consiguió el campeonato de peso semipesado de Morelos, así como los títulos de parejas con el Judío.

La fama llegó pronto en su estado, por lo que llamó la atención de las empresas más importantes de la capital.

De hecho, el Consejo Mundial de Lucha Libre no dudó en firmarlo y se convirtió en parte de su róster de estrellas.

En el CMLL, conquistó el campeonato de parejas con Bestia Salvaje, además, se hizo acreedor del título semicompleto.

Tras su paso en la Arena México, la Triple A lo buscó y decidió cambiar de empresa para tomar nuevos aires.

Su llegada a las tres veces estelar aumentó su fama; incluso, fue uno de los rudos más queridos por toda la afición.

En 1998, decidió entrar de lleno al sector independiente, en donde tuvo una de las luchas más significativas en su carrera, ante LA Park, en donde perdió la máscara.

Fatídico retiro

Tras varios años de deambular por diferentes empresas, Pierroth regresó al CMLL; sin embargo, los resultados no fueron los esperados y poco a poco se fue diluyendo su fama.

El año 2008 fue fatídico, pues primero se enfermó del apéndice, lo que le trajo varias complicaciones.

Meses después, un derrame cerebral lo retiró por completo de los encordados, por lo que hoy tiene que estar en una silla de ruedas.

Las complicaciones fueron letales; de hecho, al esteta le cuesta trabjo hablar, pero eso no ha impedido continuar su vida, con el apoyo de muchos de sus compañeros de profesión.

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