A cien años de la Revolución Rusa, los rusos no quieren la revolución

Ni la gente ni el Kremlin recuerdan con cariño la Revolución Bolchevique. Tampoco creen que sea necesaria una revolución hoy. Las figuras de Stalin y Lenin son cada vez mejor valoradas entre la población. Metro averigua cuál es el legado de la revolución más importante del siglo XX.

Por: Felipe Herrera Aguirre
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A cien años de la Revolución Rusa, los rusos no quieren la revolución

Ni el Kremlin ni la gente cree que una revolución como la de hace cien años. La Revolución Bolchevique del 7 de noviembre de 1917, la más influyente del siglo XX y que sentó las bases de la creación de la Unión Soviética, sea necesaria hoy en Rusia. Con motivo del centenario de la revolución de octubre, el Centro de Estudios de la Opinión Pública (TsIOM) arrojó que un 92 por ciento de los rusos opina esto. Y un 61 por ciento afirmó que no sería posible llevarla a cabo.

En la Rusia de Vladimir Putin, cualquier signo de revolución es controlado incluso antes de que se produzca. Implacable con las revoluciones, como demuestran las últimas experiencias en Kiev (Ucrania) en 2014 y en Tsibili (Georgia) en 2008, para Putin el centenario de la Revolución Bolchevique es, al menos, incómodo.

La bandera soviética flamea sobre la Duma Estatal el 7 de noviembre de 2003, dos años antes de que Putin suspendiera las conmemoraciones de la Revolución Rusa. Getty

Aún así, la hoz y el martillo sigue estando presente en los edificios gubernamentales. Y también en las embajadas, como en la de Berlín. Aún así, Putin aseguró hace algunos años que la disolución de la Unión Soviética fue “la mayor catástrofe geopolítica del último siglo”. Y al mismo tiempo, inaugura frente al edificio Lubianka (la ex sede de la KGB), a pocos días de la fecha, un memorial por las víctimas del estalinismo. El “Muro del Dolor”.

Putin, nacido en Leningrado y formado en la policía secreta soviética KGB en la cual llegó a ser teniente coronel, y luego director de la FSB, institución que heredó toda su estructura después de la caída de la Unión Soviética, lidera desde el año 2000 el renacimiento de su país. El himno actual de la Federación Rusa es alegórico: a la misma música del de la Unión Soviética, solo se le cambió la letra.

Para Vladimir Putin, la caída de la Unión Soviética significó el "mayor desastre geopolítico" del siglo XX.

Ha armado en Rusia, al igual que le tocó en el FSB, una renovación manteniendo algunas estructuras autoritarias con aspectos democráticos, como el sistema multipartidario. Así, creó un sistema híbrido a cambio de una mejor calidad de vida para los ciudadanos rusos. Y un recobro de la importancia del país en la política internacional.

Más que un comunista, Putin es principalmente un funcionario, un burócrata. Así lo explica la periodista Masha Gessen en su libro “El Hombre sin Rostro. El Sorprendente Ascenso de Vladimir Putin”.

“Una de las principales razones por las cuales Putin no quiso conmemorar la Revolución Bolchevique es que el actual presidente de Rusia no es comunista”, explica a Metro Ivan Katchanovski, experto en política rusa de la Universidad de Ottawa.

“Él fue miembro del Partido Comunista de la Unión Soviética mientras sirvió como agente de la KGB en Alemania Oriental, pero después de la caída del Muro de Berlín durante la ‘perestroika’ de Gorbachov, se unió al gobierno civil de los reformistas liberales guiados por Anatoly Sobchak en Leningrado, y renuncio a sus creencias comunistas”, agrega.

Hoy en día, Putin considera a la Revolución de Octubre un factor divisorio para la sociedad rusa. Además, le preocupa que su conmemoración pueda envalentonar movimientos opositores. Como a “Artpodgotovka”, una agrupación fundada por Viacheslav Maltsev y en la que hay seguidores del político Alexéi Navalni, opositor a Putin.

Pero el principal partido de oposición a Putin es el Partido Comunista de Rusia. Los comunistas son el segundo partido con más representación en la Duma Estatal, el parlamento ruso, con 42 escaños sobre 450. El partido oficialista, Rusia Unida, cuenta con 343 escaños.

“Los comunistas llevaron a cabo una conmemoración del centenario de la revolución. Pero una conmemoración oficial de parte del gobierno hubiese levantado protestas desde los nacionalistas a la oposición liberal”, dice Karchanovski. Cosa que a Putin no le gusta nada.

 

Stalin y Lenin, más populares entre los rusos

En las últimas semanas, se han llevado a cabo en distintas ciudades de Rusia manifestaciones donde las fotografías de Lenin, Stalin y pancartas con consignas revolucionarias han destacado. Además, la bandera roja con la hoz y el martillo, principal símbolo de la Unión Soviética, ha vuelto a flamear en público.

Según el Centro de Estudios de la Opinión Pública (TsIOM), las opiniones favorables de Lenin, el padre de la Revolución Rusa, y de Stalin, el máximo responsable de las matanzas ocurridas en la terrible década de los años 30, han aumentado. Mientras un 53 por ciento de los ciudadanos tiene buena opinión de Lenin, un 52 por ciento la tiene de Stalin. En 2005 un 50 por ciento la tenía de Lenin, y un 37 por ciento de Stalin.

“Las encuestas muestran que si es que la mayoría de los rusos expresan opiniones favorables hacia Lenin y Stalin no es porque simpaticen con las ideas comunistas ni con la Revolución Bolchevique, sino que es por sus consecuencias”, explica Katchanovski.

“Ellos asocian esta revolución y a los dictadores comunistas soviéticos con el giro de la Unión Soviética hacia un papel protagónico internacional y económico. Y con sus políticas como la de vivienda, salud y educación pública”, agrega. Es por esto que muchos rusos aseguran haber estado mejor durante la época soviética que durante la actualidad.

“Además, Stalin es acreditado por muchos rusos por haber ganado la Segunda Guerra Mundial”, dice Katchanovski.

Vladimir Lenin, en un cuadro en Rusia. Getty

"Rusia nunca ha confrontado su historia soviética en la forma que Alemania lo hizo después de la Segunda Guerra Mundial"

Ian Bond, director de Política Internacional del Center for European Reform, experto en Rusia y la ex Unión Soviética.

La relación entre el actual gobierno de Vladimir Putin con la Revolución Rusa es complicada. Putin no quiso conmemorarla. ¿Por qué?

– Putin ha construido una narrativa en torno a la idea de un estado ruso fuerte y estable. Y la Revolución Rusa es un evento problemático en ese sentido. Porque recuerda un tiempo en el que el estado era muy débil como para defenderse, y cuando Rusia era muy inestable. ¿Por qué llevar la atención hacia allá? Además, aunque Putin tiene mucho apoyo electoral de personas que crecieron en la Unión Soviética y que ven a la Revolución Rusa como un momento grandioso y definitorio de la historia de la humanidad, pero en los últimos años ha cultivado relaciones con el nacionalismo ruso y con la Iglesia Rusa Ortodoxa. Y para ellos los bolcheviques fueron un grupo que masacró curas y persiguió a la fe. La Iglesia recuerda al zar Nicolás II como un mártir. Así que lo mejor que podía hacer Putin era no ofender a nadie.

El gobierno de Putin es conocido por prohibir cualquier manifestación opositora. ¿Se teme que una conmemoración de la Revolución Rusa pueda alentar a movimientos opositores?

– No creo que haya un riesgo serio por que alguien se inspire en el aniversario de la Revolución Rusa para tratar de derrocar a Putin. Pero como dije, la Revolución fue producto de un estado débil, y Putin no quiere recordarle eso a la gente.

De acuerdo a la encuestadora estatal TiSIOM, un 53 por ciento de los rusos tiene una buena opinión de Lenin, y un 52 por ciento la tiene de Stalin. Al mismo tiempo, un 27 pr ciento asegura que se involucraría en la Revolución Rusa si es que hubiese vivido cien años atrás. ¿Cómo se explica esto?

– Rusia nunca ha confrontado su historia soviética en la forma que Alemania lo hizo después de la Segunda Guerra Mundial. El resultado es que mucha gente ve al periodo soviético de una forma mucho más positiva de la que se merece. Putin ha intentado darle énfasis al rol de Stalin en la victoria en la “Gran Guerra Patriótica”, que es el periodo de la Segunda Guerra Mundial después de que Hitler atacara la Unión Soviética, en 1941. Y al mismo tiempo, le ha quitado importancia al papel de Stalin en la hambruna de Ucrania en la década de 1930. Al envío de cientos de miles de personas de distintas minorías étnicas a los Gulag, y a otras acciones.

"La Revolución Rusa terminó con la lentísima evolución de Rusia antes de la Primera Guerra Mundial. Y la llevó de ser una autocracia feudal agraria a un estado europeo moderno"

Y en el caso de Lenin, el mito es que el buen trabajo de Lenin fue deshecho por Stalin. Esa fotografía no se ha desafiado, y aún el cuerpo de Lenin permanece embalsamado en la Plaza Roja. La realidad es que Lenin fue un tirano sanguinario que también usó técnicas de represión masiva y causó hambrunas para imponer su ley en la mayor parte del Imperio Ruso después de la guerra civil que siguió a la Revolución. Pero muy pocos rusos ven las cosas de esa forma.

Algunas informaciones sugieren que Putin está desarrollando ciertos aspectos del modelo de gobierno soviético. ¿Son estos el principal legado de la Revolución y de la URSS?

– No creo que Putin quiere reconstruir el modelo soviético como forma de gobierno. Él sabe que la Unión Soviética fracasó porque ese sistema no funcionaba. Pero él usa la nostalgia de los “viejos y buenos días”. De cuando la Unión Soviética era una superpotencia. Y cultiva la imagen del Imperio Ruso que salvó a la civilización europea, por ejemplo, de desde los mongoles hasta de Napoleón. Y usa el aparato de inteligencia y los servicios de seguridad, y el miedo y la represión, para mantener el control cuando lo necesita.

¿Cuál podría ser otro legado importante de la Revolución Rusa y que se refleje en la sociedad rusa actual?

– La Revolución Rusa terminó con la lentísima evolución de Rusia antes de la Primera Guerra Mundial. Y la llevó de ser una autocracia feudal agraria a un estado europeo moderno. Quizás nunca hubiera tenido éxito si se hubiesen usado formas pacíficas de cambio, pero la Revolución significó que Rusia se pasara 70 años siendo factor principal en el desarrollo político y económico europeo y mundial. Y hasta hoy se pueden apreciar las cicatrices de Rusia. En su economía distorsionada, su estado de derecho débil y su gobernanza autoritaria.

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