“No quiero que me quieran, quiero que me escuchen”: Natalia Valdebenito

Así es hacer standup feminista desde la perspectiva de una de las máximas exponentes de la comedia en América Latina, quien habló del reto de ser comediante y activista.

Por Andrea Sánchez

De acuerdo con cifras de ONU Mujeres, se estima que “35 por ciento de las mujeres de todo el mundo ha sufrido violencia física y/o sexual por parte de un compañero sentimental o violencia sexual por parte de otra persona distinta a su compañero sentimental”. Las cifras no mienten, hay un problema real y muchas mujeres buscan acabar con él desde su trinchera, Natalia Valdebenito, humorista chilena, lo hace a través de la risa, con un discurso que incómoda, que molesta y que, de manera paradójica, también saca carcajadas.

Natalia ha encontrado en sus rutinas de comedia una forma de activismo, una manera de decirle al mundo con una sonrisa que la violencia de género y la desigualdad deben terminar. A través de sus espectáculos evidencia que las mujeres chilenas, como ocurre en muchos lugares del mundo, no puedan decidir sobre su cuerpo y sean criminalizadas si deciden abortar.

Las rutinas de Valdebenito son ácidas, pero sobre todo son honestas, en entrevista con Nueva Mujer habló sobre los retos de decir en el escenario lo que muy pocas se atreven a gritar: ¡soy feminista y qué!

¿Cómo es subir al escenario y decir abiertamente que eres feminista?

Llevo bastante tiempo haciendo este material sobre feminismo, lo hacía y percibía lo que le pasaba al público, como comediante y como actriz disfruto mucho de lo que le pasa al público, les guste o no les guste. Antes de Festival de Viña me presentaba ante un público de 150 personas y yo me pregunta “voy a hacer frente a 15 mil personas”, si logro esa conexión me voy a emocionar, pero también había otra cosa en mí que era el desafío de llevarlo acabo. A mí me quisieron parar esta parte de la rutina con anticipación anunciándome que podía ser uno de los factores que podría hacerme fracasar, pero cuando uno empieza y aprende de este trabajo, te das cuenta que hay que alivianar, traté casi de engañarlos para que a ese minuto llegáramos suavecitos, blanditos, ese ejercicio lo sigo haciendo, al público no hay que subestimarlo.

En tus rutinas hablas de aborto, de violencia, de sexualidad, de desigualidad, ¿cuál es el mayor reto?

A mí me duele todo lo que pasa, me conmueve profundamente, no hay algo que yo utilice, yo esto lo vivo a diario, lo vivo con todo. Por ejemplo, con haber hecho esto tan expuesto, la gente también se siente con el derecho a agredirme como de pedirme ayuda y yo vivo en ese equilibrio.

Alguna vez escuché una frase, creo que de alguien muy famoso, no recuerdo de quién: “si a tu obra no le interesa el mundo, no esperes que al mundo le interese tu obra”, a mí de verdad me importa lo que está pasando, yo lloro a diario con esto sufro a diario con esto, me conmueve, soy capaz de poner el pellejo, la cara y el cuerpo, me he puesto en riesgo, he pasado por situaciones de riesgo frente a esto, las amenazas son constantes, y creo que eso le pasa a todas las feministas que han sido capaces de decirlo.

A mí me preocupa esto profundamente, cuando descubrí que en el stand up había una herramienta y un arma muy noble, pero un arma igual, me dije “esto es una oportunidad, aquí se me juntó todo lo que yo deseo, decir algo en el escenario, tratar de transformar, si hay una persona que se vaya con otra idea, yo ya estoy”. No apelo que todos entiendan y que vitoreemos mi nombre, apelo a que una persona entienda y diga “en realidad te he faltado al respeto o en realidad a ustedes no las escuchamos como debiésemos hacerlo”, entonces siento que al importarme tan profundamente, mi sentir también se traspasa a la comedia. Me importa tanto que soy capaz de arriesgarme por lo que estoy haciendo.

Hasta hace unos años el stand up y el mundo de la comedia en general era dominado por hombres, ¿fue complicado para ti ser parte de eso?

Soy una referente en Chile porque fui una de las primeras. Si en algún momento me hice más conocida en mi país, fue por el Club de la comedia, que es donde comencé hace como diez años y yo me retiré de ese programa, renuncié por motivos de machismo, porque me estaban sesgando, me estaban encerrando, sentía que ya no podía crear. No quería ser una mujer gomero, no soy una planta, yo siempre he tenido la sensación de que cualquiera de nuestros discursos sí se puede posicionar en un primer lugar, no tengo porqué esperar mi turno, quiero ganarme mi puesto, y yo lo hacía a diario en ese programa y además me iba muy bien, en rating, en los shows que daba afuera, en todo, no había razón para que yo me fuera, me fui porque honestamente era insufrible el ambiente y el ánimo que había por nuestro trabajo y me definí en es minuto “yo no estoy disponible para ser ni un muro”.

Pareciera que habría que abrirse paso, por ejemplo, en la mujer prima el vestuario, ¿por qué? Para el Festival de Viña yo me preparé mucho con el vestuario, porque honestamente si yo ponía foco en otro lugar iba a perderse el mensaje porque soy mujer y si me ponía un escote, eso llamara la atención, si iba con minifalda, como le pasó a otras compañeras, eso llamó más la atención que el propio discurso, yo me tuve que encargar incluso de eso, para que mi discurso se escuchara y eso no sé si eso lo piense un hombre, que va con una playera y se le notan los pezones y él puede hacerlo y suena divertido, nosotras tenemos que incluso estar bien vestidas, hay un montón de cosas, de expectativas, que los hombres no tienen que cumplir y a estas alturas yo creo que ya está comprobado que habemos mujeres que tampoco tenemos que cumplir ninguna expectativa más que pararnos allá arriba.

Natalia es una de las primeras mujeres latinoamericanas en estrenar un show en Netflix, servicio en streaming que catapultó su carrera hacia el exterior, ¿cómo llegó ahí? ¿cómo vivió ese proceso? Ella misma lo relata.

Hay dos especiales y uno llegó solo, que es Gritona, yo digo que es mi hija superdotada, llegó sola, fue por Comedy Dinamics, eligió su primer producto latino y en ese entré yo, el primero fue la suerte, no fue preparado para eso, fue un show muy grande que yo hice en mi país de manera independiente, todo sale de mi propio trabajo, no recibo dinero de ningún patrocinador. Es show yo lo grabé a modo de recuerdo y luego llegó a Netflix.

La segunda vez fue distinta, Netflix llegó a mí, en el especial tengo la certeza de que hay muchas personas que me están escuchando, por lo mismo hago hincapié en ciertos puntos, me parece que es una suerte estar en esa plataforma porque es una manera de hacernos conocidos.

El show de Netflix era la primera vez que lo hacía, tengo algo como kamikaze de guardar los chistes como si fueran buenos y probarlos en el escenario y esa vez probé una hora y veinte. No había nunca hecho esa rutina y era la primera vez que lo hacía y creo que necesitaba eso, sentir que esto está vivo, quiero que me sientan con miedo, quiero que vean mi vulnerabilidad para que nos hagamos amigos, jugué con eso, es arriesgado, pero igual lo hice, me dio gusto en todo caso de jugármela, por ejemplo el chiste de los hijos que es bien cruel, yo perdí un hijo, era la primera vez que lo hacía y era la primera vez que lo escuchaba toda mi gente y recibí muchas quejas.  Tengo la responsabilidad de lo que escribí, pero también me gusta jugar al miedo, el escenario es el lugar en el que me siento más segura, es muy extraño, es el lugar en el que más segura me siento en el mundo y creo que abuso un poco de eso.

SUS PROYECTOS ACTUALES

Natalia está trabajando en ‘Sin Miedo’, un show que la llevó por Europa, con el que conquistó grandes recintos, para ella fue una experiencia enriquecedora, pues a diferencia de lo que ocurre en Latinoamérica, allá no intentaron callar su voz. “Las compañeras en España lo están haciendo muy bien, lo que me llamó la atención fue que el discurso fuera tan valorado, aquí me hacen callar, allá me hubiesen incitado a hablar, se valoró mucho esta mezcla de activista y comediante, acá por ejemplo nadie lo entiende, o eres activista o eres comediante, no se entiende que con la comedia se puede hacer activismo y viceversa porque yo hablo siempre en serio, solo que tú te ríes y ese no es mi problema.

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